sábado, 21 de junio de 2014

La ley del oficio

Por Oscar R. González *

A propósito de la celebración de un nuevo Día del Periodista, viene a cuento recordar un episodio que tuvo lugar en 2002, cuando un juez comercial que entendía en el concurso preventivo de la editorial Perfil –violadora serial de todos los convenios laborales y de todos los derechos de los trabajadores– tuvo la insólita pretensión de suspender por tres años la vigencia del Estatuto del Periodista Profesional y del Convenio de Trabajo para los trabajadores de prensa, de cuya elaboración me había tocado participar como negociador paritario unos años antes.

En su afán de salvar a la empresa –o, más precisamente, los bolsillos de sus dueños–, el custodio de la legalidad se había llevado puestas dos leyes resistidas desde siempre por los medios hegemónicos. Para entonces, yo era diputado nacional y presenté una iniciativa repudiando la ilegítima pretensión del magistrado y, en una sesión a la que asistieron trabajadores de Perfil, se declaró unánimemente la plena vigencia del Estatuto Profesional del Periodista, aprobado durante el primer gobierno de Perón.

Fue necesario aquel recurso bastante estrafalario –que el Congreso declarase la plena vigencia de una ley plenamente vigente– para poner en evidencia la complicidad entre un magistrado capaz de cometer una tropelía jurídica con tal de complacer el interés económico de una empresa amiga. Un vínculo que, como sabemos, no constituye ninguna novedad.

El recuerdo de aquel hecho tiene que ver de algún modo con la naturaleza de una batalla por la construcción de sentido que enfrenta a la política –entendida como esfera de autonomía ciudadana y herramienta de cambio– con el poder hegemónico de los grandes medios, un poder no desafiado en la Argentina durante largas décadas. Una disputa que ha tenido luces y sombras, victorias y derrotas, pero cuyo saldo incuestionable es que ya nadie puede hacerse el distraído sobre ciertas cuestiones que los periodistas conocíamos desde siempre.

La pretensión de asociar el poder omnímodo de los medios con la libertad de expresión, por ejemplo, ha dejado de ser una verdad revelada. Y el argentino medio que no se empeña en escuchar o leer sólo lo que confirma sus preconceptos o prejuicios sabe que las noticias son construcciones y no el reflejo de presuntas realidades objetivas.

Hasta no hace tanto, los propios periodistas tendían a mirarse a sí mismos más como librepensadores que como trabajadores de prensa. La formación de una conciencia de clase fue más compleja en este gremio que en otros, tanto por la naturaleza propia de las tareas intelectuales como también porque en algún momento existía una cierta identificación con el dueño del medio, que era con frecuencia, él también, un periodista y tenía a la búsqueda de la verdad como un objetivo más o menos plausible.

No hace falta decir que esos presupuestos han naufragado en medio de la marcha del capitalismo, fundamentalmente en su fase neoliberal. Los grandes medios son hoy parte de conglomerados económicos con múltiples tentáculos, y las más de las veces el diario, la radio o el canal son herramientas de presión o extorsión para allanar otros negocios más lucrativos. En tanto las condiciones de trabajo de los periodistas han sido avasalladas en casi todas sus dimensiones, con el pluriempleo, la redacción multimedia, la precarización de los contratos, la tercerización y otras tretas de que se valen los adalides de la libertad de expresión para abaratar sus productos, en más de un sentido.

Como en mis años de periodista y de actividad sindical, sigo creyendo que la libertad de expresión poco tiene que ver con la cuenta bancaria o los discursos gerenciales en los foros patronales. Tal como entonces, creo que el buen periodismo se construye en las redacciones con honestidad intelectual, libertad de conciencia, buenas prácticas profesionales y, sobre todo, respeto irrestricto de los derechos de los trabajadores. Esos derechos que sobrevivieron embates varios y que aún perduran, alojados en el texto del entrañable Estatuto del Periodista.

* Periodista. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.


Publicado por Página 12, El País, pág. 12, el 10 de junio de 2014. 

jueves, 5 de junio de 2014

REPORTAJE EN PÁGINA 12


Página 12 - lunes 2 de junio de 2014

ENTREVISTA A LOS INVESTIGADORES ALEJANDRO LOPEZ ACCOTTO, CARLOS MARTINEZ Y MARTIN MANGAS

Los que más tienen deben pagar más

En diálogo con Página/12, los docentes de la Universidad Nacional de General Sarmiento advierten sobre cómo ha venido perdiendo participación el impuesto Inmobiliario en la recaudación y cómo eso deriva en un sistema impositivo más regresivo.

Por Fernando Krakowiak

En las últimas dos décadas, el impuesto Inmobiliario ha ido perdiendo incidencia en el conjunto de la recaudación, lo que agudizó la regresividad del sistema impositivo. Los investigadores de la Universidad de General Sarmiento, Alejandro López Accotto, Carlos Martínez y Martín Mangas, publicaron el libro Finanzas provinciales e impuesto Inmobiliario en Argentina, donde analizan las causas de esta tendencia. En diálogo con Página/12, advirtieron sobre los riesgos que supone y remarcaron la necesidad de avanzar hacia un esquema de mayor progresividad.

Ustedes afirman que la presión fiscal del impuesto Inmobiliario ha venido descendiendo durante la última década en un contexto de crecimiento económico inédito con fuerte suba en el precio de las propiedades. ¿Cómo se explica esa situación?

Alejandro López Accotto: Lo que pasa es hay un conjunto de impuestos que se indexan automáticamente con el crecimiento de la producción y los precios, mientras que en el caso del Inmobiliario la mayoría de las provincias no tiene un mecanismo automático de actualización. Esa actualización se tiene que hacer todos los años en los Parlamentos provinciales y muchas provincias no lo han hecho porque tiene un costo político visible. Por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires, que es la más grande, el impuesto Inmobiliario tiende a desaparecer.

Martín Mangas: El problema de los impuestos patrimoniales es que cuando no está prevista una actualización en una regla macrofiscal tenes un conflicto político cada vez que queres hacerlo, principalmente en el caso del Inmobiliario Rural, donde hay tres o cuatro cámaras empresarias que tienen una capacidad de lobby muy fuerte sobre las autoridades provinciales. Entre Ríos lo resolvió hace muchos años y actualiza de manera automática todos los años. El resto lo debería haber hecho, sobre todo en un contexto de crecimiento de la actividad económico como el que se registró en los últimos años.

¿Qué variable se podría tomar en cuenta para actualizarlo?

M. M.: Una posibilidad es tomar la evolución de los precios acordados en las transacciones de compra-venta de bienes inmuebles. En el libro planteamos algunas otras alternativas, porque no es lo mismo la vivienda única urbana, donde podrías tener como referencia el índice de salario, que la situación de aquellas personas que tienen varias propiedades que las arriendan para obtener una renta.

En el libro mencionan que, en 2010, el Inmobiliario representó en la Argentina el 0,35 por ciento del PIB, muy por debajo de Estados Unidos (3,03) y Gran Bretaña (3,40), pero cerca de Brasil (0,42), Chile (0,50) y Colombia (0,58 por ciento). ¿A qué nivel puede aspirar el país?

Carlos Martínez: El problema principal es la tendencia. En 1990, la Argentina tenía la presión fiscal del Inmobiliario más alta de Latinoamérica, e incluso era el doble que la de algunos países desarrollados como Alemania y Bélgica; pero desde entonces el impuesto viene perdiendo participación, pese a que aumentó mucho el valor de las propiedades.

A. L. A.: Los impuestos patrimoniales son netamente progresivos. Eso es positivo porque los que más tienen, deben pagar más; pero si se reduce la presión de esos impuestos, se deja de cumplir con esa regla.

M. M.: Nosotros tenemos claro que los impuestos patrimoniales tienen un impacto macro marginal. En los países más desarrollados llegan a 3 o 4 puntos, pero en la Argentina, un país de desarrollo medio que está entre las treinta economías más grandes del mundo, todos los patrimoniales representan 1 punto y deberían estar más cerca de 2 o 3 puntos.

A. L. A.: Las discusiones presupuestarias siempre son en el margen, incluso las referidas a los gastos. Es un porcentaje pequeño del ingreso total, pero puede resolver el déficit fiscal de una provincia o ayudar a resolver el conflicto salarial de un gremio como el de los docentes.

En los últimos años, la presión fiscal creció y mucho tuvieron que ver los derechos de exportación. Cuando la provincia de Buenos Aires intentó actualizar el Inmobiliario Rural, las corporaciones del agro argumentaron que ya estaban haciendo un aporte fuerte con el pago de las retenciones.

A. L. A.: Son cosas diferentes. Las retenciones están vinculadas con precios extremadamente elevados de un conjunto de productos con relación al costo de producción que tienen en la Argentina, pero además esos precios generaron un aumento muy alto en el valor de las propiedades que no se ve reflejado en lo que se paga del impuesto Inmobiliario.

C. M.: Otro problema es que al campo se lo trata como un sector indiferenciado y en la práctica no lo es. El último intento de actualización del Inmobiliario en la provincia de Buenos Aires, que era por debajo de la inflación, no afectaba al 85 por ciento de las partidas de los campos, que son de productores más pequeños. Afectaba al otro 15 por ciento que fue el que evitó que se hiciera.

M. M.: El aumento del Inmobiliario que se propuso a fines de 2013 en la provincia de Buenos Aires era del 18 por ciento. Era una actualización muy moderada. El crecimiento promedio en la tasa anual era de 9 pesos por hectárea. Menos que un café y finalmente no hicieron ni eso.

¿Cuánto representa el Inmobiliario en la recaudación de Buenos Aires y cuánto en una provincia que actualiza el impuesto, como Entre Ríos?

A. L. A.: En Entre Ríos, el 17 por ciento; y en la provincia de Buenos Aires, el 6 por ciento, de los cuales sólo 2 puntos aporta el Inmobiliario Rural. Ahora bien, en Buenos Aires, en 1984, representaba el 36 por ciento. Si se cobrara el Inmobiliario como se cobraba en 1984, la provincia de Buenos Aires recaudaría con ese impuesto seis veces más de lo que se está recaudando. Eso considerando un parque de viviendas estático, pero, ¿cuántas viviendas más se construyeron en los últimos treinta años?

M. M.: Hablamos de Buenos Aires, pero otras provincias grandes, como Santa Fe y Córdoba, están en la misma situación. Estas tres provincias se financian en más de un 70 por ciento con el impuesto a los Ingresos Brutos. En el caso de Córdoba, el Inmobiliario Rural además es un mamarracho, porque la alícuota es plana. No tiene tramos por escala. Se paga lo mismo por 10 mil hectáreas que por 100 hectáreas.

Con otros impuestos progresivos como Bienes Personales, los sujetos deben empezar a pagar si tienen un patrimonio de más de 305 mil pesos, pero en los hechos casi nadie paga y la AFIP no hace nada. ¿La actualización del Inmobiliario garantizaría de por sí una mayor recaudación?

M. M.: En Bienes Personales se paga en base a una declaración jurada, pero en el impuesto Inmobiliario llega la partida a cada casa.

C. M: Bienes Personales además es fácilmente eludible porque se aplica sólo sobre personas físicas. Entonces, muchas personas que tienen bienes por encima de los 305 mil pesos crean sociedades fantasma y no pagan ese impuesto porque las sociedades están exentas. En cambio, el Inmobiliario se aplica a la partida inmobiliaria. Si se transfiere la partida a nombre de una empresa, esa empresa igual tiene que pagar el impuesto.

A. L. A.: Cuando se creó el impuesto a los Bienes Personales representaba el 3 por ciento de lo que recaudaba el impuesto Inmobiliario en todas las provincias, y hoy recauda más Bienes Personales que lo que recaudan las provincias con el Inmobiliario. Incluso varios funcionarios provinciales no han dicho que no querían aumentar la valuación fiscal para no perjudicar a los propietarios de sus provincias y que tuvieran que entrar a pagar Bienes Personales, lo cual es una barbaridad.

C. M.: En la ciudad de Buenos Aires es peor todavía. Se establece una valuación fiscal oficial, que es la que debe tomar la Nación para cobrar Bienes Personales, pero después se multiplica esa valuación por cuatro para cobrar el Inmobiliario. La Ciudad creó un mecanismo sólo para que el contribuyente porteño eluda Bienes Personales.

¿El hecho de que la potestad recaudatoria del impuesto Inmobiliario sea provincial favorece o dificulta la actualización y el revalúo?

C. M.: En muchos países cobran las provincias o los municipios. El problema de la descentralización es la capacidad que tienen esas jurisdicciones para imponerse sobre actores económicos concentrados.

A. L. A.: La teoría dice que los impuestos de inmuebles tienen que ser cobrados por las autoridades locales. La práctica muestra situaciones diferentes. En la Argentina, el impuesto lo cobran las provincias y algunas lo han descentralizado a los municipios. Argumentan que la cercanía puede hacer que se cobre más, pero la evidencia muestra lo contrario. En eso inciden motivos políticos, pero también técnicos, como la dificultad para tener un catastro actualizado y una administración eficiente.

Link: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-247613-2014-06-02.html

martes, 8 de abril de 2014

POLITICOS ARGENTINOS INVADEN ESTADOS UNIDOS

Nostalgias carnales
Por Tali Goldman      02.04.2014

Iniciada la carrera electoral, los candidatos pasean sus ideas ante funcionarios y banqueros. Quiénes organizan los tours y cómo se pagan las giras promocionales al corazón del imperio.

Los destinos y los tiempos elegidos por los políticos no son casualidad. Por el contrario, tienen una alta connotación y más en tiempos de previa electoral. Y en la Argentina ya arrancó la larga previa electoral.
Estados Unidos nunca suele ser un destino fortuito, un país de paso o sólo un lugar para ir de shopping. Un político que pasa por allí dice mucho, y ese fue el caso de varios de ellos, quienes desfilaron con un claro y único objetivo: mostrarse como los mejores candidatos de cara al 2015.

El vínculo quedó en evidencia allá por el 2006, cuando los famosos “WikiLeaks” salieron a la luz. Estados Unidos quiere seguir mostrándose como amo y señor del mundo entero, sobre todo en América latina, rol que cumplió de forma explícita durante las dictaduras en la década del ’70 y que reforzó en los ’90 en épocas de “relaciones carnales”. Por eso se entiende que muchos sigan eligiendo a Estados Unidos como destino principal para hacer lobby. El caso más reciente y llamativo fue el de Sergio Massa, que se mostró radiante y feliz. Eligió un día emblemático para aterrizar y dirigirse al Departamento de Estado: el 24 de marzo, día de la memoria en conmemoración del inicio del golpe cívico militar. Allí estaba el ex intendente de Tigre, acompañado por Eduardo Amadeo –ex embajador en ese país durante la presidencia de Eduardo Duhalde–, Martín Redrado –su principal asesor económico–, el ex lilito Adrián Pérez, quien vivió un año en ese país, y Santiago Cantón –ex secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos–.


Massa fue invitado por el Inter-American Dialogue, una ONG que tiene entre sus miembros al ex embajador José Octavio Bordón, al decano de la Universidad Católica y ex ministro de Economía de la dictadura José María Dagnino Pastore, y al ex presidente del Banco Central y lobbista del JP Morgan, Alfonso Prat Gay. Bajo semejante auspicio, Massa se reunió con el congresista republicano y miembro del Tea Party Matt Salmon; con el presidente del Comité contra la Tortura de Naciones Unidas, Claudio Grossman; con la secretaria de Estado Adjunta para Asuntos Hemisféricos, Roberta Jacobson; el secretario general de la OEA José Manuel Insulza y con el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, uno de los impulsores de las políticas de mano dura. Pasó por el Atlantic Council, el CSIS, el Council of the Americas y el banco de inversión Morgan Stanley. Massa se encargó de dejar contentos a todos: denostó al gobierno de Venezuela y dejó en claro que quiere “recuperar la confianza” para las inversiones extranjeras. Nada distinto a lo que, poco antes, dijo ante ellos otro precompetidor presidencial, Mauricio Macri, quien se mostró como “el candidato del cambio”. Invitado por el presidente del American Jewish Committee (AJC), el jefe de gobierno junto a su elegante esposa, Juliana Awada; su asesor en asuntos internacionales Fulvio Pompeo; el secretario de Gobierno Marcos Peña y su referente económico Carlos Melconian, cenaron con Bill y Hillary Clinton. “Lo que hay que hacer está claro. Basta mirar a Chile, Brasil, Uruguay, Perú y Colombia, y por ahí es donde vamos a ir”, declaró tras salir del banco de inversión JP Morgan, donde compartió un almuerzo con economistas argentinos.


Consultado por Veintitrés, el sociólogo y director del PLED, Atilio Borón, consideró que el hecho de que políticos viajen a Estados Unidos “revela la supervivencia de una penosa mentalidad colonial, de un pensamiento colonizado acerca de que tienen que peregrinar al centro del imperio para buscar la bendición, y esto ya de por sí habla elocuentemente de la baja calidad de la dirigencia que tiene que apelar a esos recursos para poder postularse como candidatos en su país”. El experto en asuntos latinoamericanos agregó que “es un espectáculo triste que habla de una dirigencia política que tiene muy pocos pilares intelectuales y que busca ese apoyo en el exterior”.


Oscar Laborde, presidente del Centro de Estudios del Sur y coordinador del Foro de San Pablo, explicó a esta revista que “solía ser una costumbre durante muchos años que el primer viaje obligado del presidente electo de un país latinoamericano fuera a Estados Unidos. Era casi un rito, una pleitesía que se le hacía al imperio. Cuando en 2011 estuve con Lula, nos comentaba que existía entre los presidentes una competencia sobre cuántos minutos había durado el café con el mandatario de Estados Unidos”. Y agregó: “Néstor Kirchner cambió esa modalidad tratándolo a Bush como a un par y cuando en 2005 le dijo no al ALCA. El gesto de todos los que van allá es de decir ‘si nosotros llegamos al poder esta cosa va a cambiar, vamos a volver a las relaciones carnales’”.


Massa y Macri no fueron los únicos. Elisa Carrió casualmente –o no– decidió pasar sus vacaciones en Nueva York, y se presentó en la Universidad de Columbia para dar una charla en su Escuela de Negocios junto a la diputada Mariana Zuvic –esposa del poderoso empresario radical santacruceño Eduardo Costa–, y al legislador porteño Maximiliano Ferraro. El debate entre ella y otros dirigentes políticos de otros países fue auspiciado por los bancos Credit Suisse, Goldman Sachs, BNP Paribas y el JP Morgan.


“Creo en la Alianza del Pacífico. No creo en los regímenes de seudoizquierda que esconden nuevas oligarquías corruptas. Creo que los populismos son tiranías soterradas”, dijo la diputada de UNEN, para regocijo del foro.


También dijeron presente el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey; la senadora nacional del Pro Gabriela Michetti, y la diputada nacional del GEN Margarita Stolbizer. Invitados por el Council of the Americas (Consejo de las Américas), la organización que promueve el libre comercio, la democracia y los mercados abiertos en todo el continente, los argentinos disertaron entre un público preocupado por las continuidades o cambios de las políticas económicas actuales.


El gobernador salteño ya hizo públicas sus intenciones de ser candidato a presidente, mientras que la senadora aspira a ocupar el cargo que dejará vacante Mauricio Macri. Luego de ese paso por Nueva York, se fueron rumbo a Boston, a la Universidad de Harvard, para participar de un encuentro de la Red de Acción Política (RAP) junto a otros dirigentes como los ex diputados por el Pro Federico Pinedo y Paula Bertol. El RAP es una “fundación plural y apartidaria que tiene como misión hacer un aporte hacia la formación y el fortalecimiento de la dirigencia política en la Argentina a partir de un auténtico espíritu republicano, una vocación de fortalecer el marco institucional y un conjunto de valores, principios y conductas compartidas”. Del consejo asesor de la ONG participan Marcos Aguinis, Santiago Kovadloff, Juan José Llach y Natalio Botana, entre otros.


En visita oficial como gobernador, Daniel Scioli también pisó suelo estadounidense con el objetivo de buscar inversiones para la provincia y se mostró como el sucesor de CFK. También expuso en el Consejo de las Américas. “Con mi experiencia como hombre de Estado y las responsabilidades institucionales que se me han confiado en estos años, busqué cada día más Argentina en el mundo y más mundo en la Argentina promoviendo previsibilidad y confianza”, expresó en el encuentro.


Está claro: Estados Unidos quiere reunirse con políticos argentinos y los políticos argentinos hacen fila para ir a mostrarse como candidatos. En el medio, un gobierno que supo decirle no al FMI y al ALCA, que brega por la unidad latinoamericana a través del Mercosur y la Unasur, y parte de un pueblo que no quiere volver a repetir la historia.