miércoles, 25 de febrero de 2015

18F, el bautismo de fuego del partido judicial (CFK Facebook)

Breve introducción y alguna reflexión
Me contaban que en los últimos días, cuando terminaba de hablar en algún acto oficial, TN, el cable del monopolio Clarín, titulaba: “No mencionó a Nisman”, “No habló de la marcha del 18F”.
Es cierto que cuando hablo por cadena nacional se les dificulta apenas un poquito la tarea destructiva y depredadora de lo institucional. Pero la libertad de prensa, por suerte, no sufre mella. La cadena nacional del desánimo y el odio, comandada por Clarín, goza del privilegio de la libre expresión los 365 días del año durante las 24 horas.
Pero volviendo al reproche que se me hacía por mi “silencio”, resulta curioso que cuando hablo de lo que algunos no quieren, un fiscal me exige que me calle, y cuando no hablo de lo que ellos quieren, me reclaman que hable. En síntesis: la palabra y el silencio parecen tener dueños en la Argentina.
En realidad, como ciudadana antes que como Presidenta, siempre he tenido la costumbre de analizar, evaluar, y luego opinar sobre cualquier hecho una vez que este ocurre. Es una sana costumbre que no pienso abandonar.
De jueces y fiscales
El hecho que sí había ocurrido era la inédita convocatoria de fiscales con el apoyo de no pocos jueces a una marcha a la que decían se convocaba para reclamar “justicia” por la muerte del fiscal Nisman, algo realmente tan insólito como sería una convocatoria de Ministros del Poder Ejecutivo reclamando una mejor “gestión de gobierno”, mientras otros afirmaban convocar en homenaje a su colega muerto. No voy a entrar en los antecedentes de los fiscales convocantes, harto conocidos por propios y extraños. Pero no deja de ser una curiosidad que dos de ellos fueron acusados por familiares de las victimas de obstaculizar la causa Amia y la tarea del propio Nisman. Como tampoco puedo dejar de señalar el informe producido por el periodismo español en torno a dos de ellos y a su vinculación con barras bravas y “sus negocios”, del club que en los hechos comanda un candidato presidencial, sin que ningún miembro del Poder Judicial, al hacerse público tal nivel de connivencia, haya actuado o siquiera expresado algo. ¿O será que se vienen tomando en serio y hace tiempo esto de los “silencios” selectivos?
Lo cierto es que la marcha a la que asistió todo el arco de partidos opositores y sus candidatos presidenciales, salvo las agrupaciones de izquierda, no fue para nada un acto de homenaje a una persona trágicamente fallecida, con la obvia excepción de sus familiares directos.
Se pudo ver en vivo y en directo a dirigentes políticos riéndose a carcajadas y también a manifestantes llevando carteles con leyendas ofensivas e insultantes contra el gobierno. Tampoco fue una marcha del “silencio”, porque el mismo fue sonoramente roto por un orador sindical integrante de una central obrera ferozmente opositora al gobierno. En definitiva: tanto en lo gestual como en las palabras y en lo ostensiblemente visible, el 18F fue decididamente una marcha opositora, convocada por fiscales y apoyada por jueces y todo el arco político opositor.
En síntesis: una marcha de varios integrantes de un Poder del Estado, el Judicial, contra otro Poder de la Constitución: el Ejecutivo. Es lo que se vio, se escuchó, se filmó y se fotografió. O sea, el hecho que ocurrió.
Y aquí vuelvo al principio. Había que esperar, porque podría haber sido una marcha en homenaje a un fiscal que apareció sin vida en circunstancias dudosas, tal cual lo expresa la carátula del expediente judicial, o podría haber sido lo que realmente fue: simple y sencillamente, una marcha opositora.
Marcha que sí tuvo un único e inmenso mérito, que es que en la Argentina, tu país, se puede disentir, se puede insultar al Gobierno y a la Presidenta, y se puede marchar libremente. No siempre fue así, y no hablo de la Dictadura. Aún recuerdo lo que les pasó a los que se les ocurrió disentir el 19 y 20 de diciembre del 2001 en la Plaza de Mayo. Represión, más de 30 muertos, disparos sobre la multitud, Estado de Sitio. A más de 13 años, aún no se sabe de detenidos ni de condenas por esos hechos. Fernando De la Rúa presidía el Gobierno.
De marchas y de números
La polémica sobre la marcha y el número de la concurrencia merece un análisis especial. Por lo explícito y por lo implícito. Análisis, que para evitar subjetividades, resulta conveniente recurrir, como fuente, a los propios medios opositores.
En lo explícito, debo decir que las marchas opositoras más grandes que tuvo nuestro Gobierno fueron dos:
– Una convocada por “ingeniero” Blumberg en la plaza del Congreso el 1ro de Abril del 2004.
– La otra fue organizada en el Monumento a los Españoles, sobre la Av. del Libertador, por las Patronales Rurales el 15 de Julio del 2008, luego de 127 días de lock out, desabastecimiento, cortes de ruta, etc. Esta última superior a la primera.
Las crónicas y los documentos fotográficos de los diarios Clarín y La Nación de los días siguientes son el testimonio más elocuente.
Tapa de Clarín del viernes 2 de abril: “Hubo 150.000 personas frente al Congreso y actos en todo el país. Fue una de las mayores concentraciones desde la vuelta de la Democracia.”
Tapa de La Nación del mismo día: “En la más impresionante manifestación popular en muchos años, unas 150.000 personas…”.
Impresiona como ambos diarios cuentan con tanta exactitud la misma cantidad de gente.
Llama la atención la precisión del diario La Nación comparando los dos actos. 237.000 personas en el acto sobre la Av. del Libertador y 103.000 personas en el Congreso, en el acto que presidía Néstor Kirchner.
Basta mirar las tapas de ambos diarios del día 19 de febrero y sus documentos fotográficos para que la cifra mencionada de ¡400.000 personas! resulte patéticamente absurda y políticamente armada.
Las fotos y sus perspectivas, sus propios textos, los lugares físicos comunes ocupados y su capacidad tornan demasiado grosera la mentira.
¿Por qué entonces ese evidente empecinamiento en agregarle ceros a una marcha? Porque en definitiva, allí está el objetivo oculto e implícito de la marcha: El 18F no es el homenaje a un fiscal, ni siquiera un reclamo insólito de justicia, sino el bautismo de fuego del Partido Judicial .
Y ese Partido Judicial debe aparecer con “respaldo masivo” (no popular, concepto impensable para los que concurrieron al evento) que avale y dé aires de legalidad a cualquier mamarracho judicial, independientemente de lo que digan las leyes, los códigos de fondo y de forma y hasta la mismísima constitución.
El 18F. Bautismo de fuego del Partido Judicial
Allí esta el verdadero hecho político e institucional de la marcha del 18F. La aparición pública y ya inocultable del Partido Judicial.
Nuevo ariete contra los Gobiernos Populares, que suplanta al Partido Militar en el rol que, en el trágico pasado, asumiera respecto de Gobiernos con legalidad y legitimidad democrática.
Ya no se trata de golpes violentos que interrumpen el funcionamiento de las instituciones y de la Constitución. La modalidad es más sofisticada. Articula con los poderes económicos concentrados y fundamentalmente con el aparato mediático monopólico, intentando desestabilizar al Poder Ejecutivo y desconociendo las decisiones del Legislativo. O sea, un súper poder por encima de las instituciones surgidas del voto popular.
Un Partido Judicial integrado por grupos de jueces y fiscales vinculados y promocionados por los grandes medios y grupos económicos. Muchos de ellos también defensores de las leyes de la impunidad para los crímenes del Terrorismo de Estado durante la última Dictadura, otros ex-funcionarios políticos de la década del noventa y casi todos de aceitada articulación con las conducciones subterráneas desplazadas de los organismos de inteligencia.
Este Partido Judicial, que al mismo tiempo que funciona como armadero de causas cajonea otras. Es el que llama a indagatoria al Ministro de Justicia media hora antes de que la Cámara de Diputados comience el tratamiento del nuevo Código de Procedimiento Penal. Es el que llama a declaración indagatoria a la Procuradora del Tesoro cuatro días después de que la misma se presente en el expediente donde se tramita la descabellada denuncia del fiscal Nisman, con un escrito de 60 páginas y prueba documental que da por tierra al absurdo “plan criminal elaborado por la Presidenta de la República y su Canciller y aprobado por el Congreso de la Nación”.
Es el Partido Judicial que cajonea causas de Lesa Humanidad como la de Papel Prensa, con increíble cantidad de prueba documental y testimonial, en lo que fue la apropiación de dicha empresa durante la Dictadura por parte de Héctor Magnetto, Ernestina Herrera de Noble, Bartolomé Mitre y los ex propietarios del diario La Razón, sin que siquiera hasta ahora se haya citado a ninguno de los denunciados por la viuda de Graiver, detenida y torturada durante la Dictadura.
A propósito de esta causa emblemática, ¿será cierto que el Juez de la causa, Dr. Ercolini, asistió a la marcha, tal como informan algunos diarios? Pienso que no. Ya sería demasiado.
Es el Partido Judicial el que no toma ninguna determinación y “duerme” la causa sobre lavado de dinero denunciada por Hernán Arbizu, ex Vicepresidente de JP Morgan en la Argentina, donde no solamente se autoincrimina, sino que detalla con precisión como lavaba dinero de los mismos integrantes del Grupo Clarín. La causa lleva años y no hay una sola citación.
Es el Partido Judicial el que aún no permite que se aplique a Ley de Medios, declarada constitucional por la Corte Suprema, a través de una sucesión infinita de medidas cautelares.
Es el Partido Judicial el que ha generado el “derecho cautelar delivery” o el “forum shopping”. El mismo que pide la indagatoria del fiscal Dr. Gonella, que investiga lavado de dinero y narcotráfico, haciendo lugar a una denuncia hecha por una jueza que es pareja del narcotraficante Valentín Temes Coto, condenado a 20 años de prisión por contrabando de tres toneladas de cocaína.
Es el Partido Judicial el que acusa a empresas por meras faltas administrativas, al mismo tiempo que el magistrado actuante vulnera la Ley siendo accionista de sociedades comerciales (lo cual está impedido), adquiridas además con prestamos de bancos públicos (Banco Provincia de Bs. As.) y de empresarios privados. Como detalle risueño: las sociedades de las cuales es accionista tienen las mismas faltas administrativas que las acusadas. Increíble pero cierto. Delicias de la omnipotencia, impunidad y discrecionalidad que te da el sólo hecho de ser uez en nuestro país. De pagar impuesto a las ganancias… mejor no hablamos.
Es el Partido Judicial que acosa en forma nunca vista al Ministerio Público Fiscal con denuncias permanentes, pedidos de indagatorias, allanamientos y trabando el accionar de una institución que la Constitución de 1994 consagró como Ministerio extrapoder, como una garantía de independencia en la administración de Justicia para los ciudadanos.
Es el Partido Judicial que por primera vez en la Historia declara inconstitucional un tratado internacional firmado por el Gobierno Nacional y ratificado por el Parlamento, en ejercicio de facultades Constitucionales que son exclusivas y excluyentes de ambos Poderes. Decisiones estas que, por lo tanto, no son judiciables, tal cual lo marca la propia doctrina de la Corte.
Es el Partido Judicial que no va a elecciones, cuyos miembros no pagan impuestos, tienen sus funciones y prerrogativas de por vida, y en algún caso están por cumplir un siglo. ¿Decime si no te dan ganas de ser juez?
Una apostilla sobre marchas y números
Cuando estoy escribiendo alguien me hace llegar la tapa del diario La Nación del 19 de abril del año 2013. Acá está, no tiene desperdicio.

Es de hace casi dos años. Presta atención al título y al subtítulo. Dice que es la mayor protesta contra el gobierno. Que superó la del 13S y a la del 8N. El 8N, ¿te acordás? La marcha verde. ¿Vos decís por el calentamiento global? No, esa fue en Nueva York, yo estaba y fue multitudinaria en serio. La de acá fue por el dólar.
La protesta de la foto fue por la reforma de la justicia, que luego de aprobada por el Congreso fue rechazada por el Poder Judicial. La crónica dice que a esa manifestación fueron “cientos de miles”. Mirá la foto y volvé a mirar las anteriores. Las conclusiones sacalas vos.
Un detalle. Si te fijás, a un costado de la foto hay un articulo con un título: “El Análisis. Cristina frágil y abrumada”. Me parece que el que necesita un analista es el que escribió el artículo. Y si prestas atención, en la tapa de La Nación del 19 de febrero, el día de mi cumpleaños, otro artículo: “El Escenario. El galtierismo de Cristina”. Te aclaro que no leí ninguno de los dos, pero infiero que de “frágil y abrumada” hace dos años, a pasar a ser Galtieri evidencia un poder de recuperación francamente asombroso… y eso que el alcohol no me gusta y no tomo jamás. Aunque se ve que otros sí, y muy seguido. En fin, delicias de los medios y su falta de registro de lo que escriben. Una pena.
Por si no te queda claro, el tema es que la última marcha de protesta contra el Gobierno siempre va a ser la más numerosa. El problema es que ya van por 400.000, así que me juego que la próxima es un millón.
De Nisman a Pollicita
Tengo en mis manos una copia de la nota que el fiscal Gerardo Pollicita, a cargo de la denuncia del fiscal Nisman, dirigida al Presidente de la Cámara de Diputados, Dr. Julián Dominguez, donde le comunica a ese cuerpo legislativo que no concurrirá el día lunes 23. En efecto, los titulares de las Comisiones de Justicia, Relaciones Exteriores y Asuntos Constitucionales habían invitado al fiscal en virtud de que el nudo central de la denuncia es el Memorandum de Cooperación Judicial entre Argentina y la República Islámica de Irán con motivo del atentado de la AMIA, firmado por el Poder Ejecutivo y aprobado por el Poder Legislativo, por tratarse de un Acto Federal Complejo, que requiere para su perfeccionamiento la intervención de los dos Poderes.
Resultan realmente sorprendentes, y una muestra más de cómo funciona el Partido Judicial, los motivos que alega el Fiscal Pollicita para no concurrir al Congreso de la Nación a explicar una denuncia tan importante en la que estaría involucrada la Presidenta de la Nación, su Canciller y un Diputado, entre otros.
Sostiene la necesidad del “secreto de sumario” y que su concurrencia “implicaría atender las demandas” (SIC) de los señores legisladores y que entonces las “diferentes líneas de investigación” podrían verse frustradas en caso de alcanzar estado público.
¿Donde estaba el fiscal Pollicita cuando el fiscal Nisman hizo un verdadero raid periodístico por TV, radio y diarios, dando pelos y señales de su denuncia? ¿O cuando decidió ir al Congreso invitado por la oposición?
¿Qué pasa con los fiscales de Partido Judicial? ¿Cuándo los invita la oposición aceptan y cuando los invita el oficialismo lo rechazan?
¿Viste lo que te dije sobre el Partido Judicial? Porque además de ser Partido, es opositor y destituyente del Gobierno.
Pero no de cualquier Gobierno. De este Gobierno.
El Gobierno de la Memoria, la Verdad y la Justicia.
El Gobierno de la derogación de la leyes de impunidad.
El Gobierno que abrió todos los archivos y relevó a todos los agentes de inteligencia para que hablaran sobre el caso AMIA. El único gobierno argentino que le reclamó en la ONU cooperación judicial a la Republica Islámica de Irán para el esclarecimiento de la causa.
El Gobierno que más recursos dio, económicos y humanos, a quienes investigan el atentado terrorista a la AMIA ocurrido hace 21 años, sin que haya un solo detenido, ni un solo condenado.
El Gobierno de la AUH. El que recuperó los recursos de los trabajadores de las AFJP. El de la mayor inclusión en materia previsional. El de la movilidad jubilatoria.
El Gobierno de los planes Procrear, Progresar, Conectar Igualdad.
El Gobierno que hizo la mayor inversión de los últimos 50 años en materia ferroviaria. Trenes nuevos para viajar con dignidad.
El Gobierno que modernizó el trámite de DNI y pasaporte para que ya no sea un calvario obtener tu documentación.
El Gobierno que desendeudó al país. Le pagó al FMI, al Club de París, y se niega a pagar a los Fondos Buitres tasas usurarias. El que quiere pagarle al 100% de sus acreedores en forma equitativa, justa e igualitaria.
El Gobierno que creó más de 5 millones de puestos de trabajo. Que reinstaló los convenios colectivos de trabajo. Que volvió a hacer funcionar el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil. El que reindustrializó el país, y tiene los salarios mas altos de America Latina, nominalmente y en paridad de poder adquisitivo.
El Gobierno que construyó las obras de infraestructura más importantes de los últimos 50 años. El que terminó Yacyretá y Atucha II. El que construye y lanza al espacio el primer satélite argentino, creando ARSAT.
El Gobierno que retoma el Plan Estratégico Nuclear con inversiones superiores a los 11.000 millones de dólares. El que repatrió a más de 1.000 científicos y que creó el Ministerio de Ciencia y Tecnología.
El Gobierno que abrió 9 nuevas Universidades Nacionales y generó el sistema nacional de becas con mayor inclusión de toda la Historia.
El Gobierno que amplió derechos con el matrimonio igualitario, con la igualdad e identidad de género.
El Gobierno que restableció el Estatuto del Peón Rural e incluyó por primera vez al personal de casas de familia con todos sus derechos laborales y de seguridad social.
El Gobierno que le dijo NO al ALCA y SI a MERCOSUR, UNASUR y CELAC.
Y aunque no lo creas, el Gobierno que mayor presupuesto le ha dado al Poder Judicial.

viernes, 9 de enero de 2015

Génesis del terror

Por Atilio A. Boron *
El atentado terrorista perpetrado en las oficinas de Charlie Hebdo debe ser condenado sin atenuantes. Es un acto brutal, criminal, que no tiene justificación alguna. Es la expresión contemporánea de un fanatismo religioso que –desde tiempos inmemoriales y en casi todas las religiones conocidas– ha plagado a la humanidad con muertes y sufrimientos indecibles. Los políticos y gobernantes europeos y estadounidenses se apresuraron a manifestar su repudio ante la barbarie perpetrada en París. Pero parafraseando a un enorme intelectual judío del siglo XVII, Baruch Spinoza, ante tragedias como esta no hay que llorar sino comprender. ¿Cómo dar cuenta de lo sucedido? La respuesta no es simple porque son múltiples los factores que la precipitaron. No fue la obra de un grupo de fanáticos que, en un inexplicable rapto de locura religiosa, decidieron aplicar un escarmiento ejemplar a un semanario que se permitía criticar ciertas manifestaciones del Islam. Esta conducta debe ser interpretada en un contexto más amplio: el impulso que la Casa Blanca le dio al radicalismo islámico desde el momento en que, producida la invasión soviética en Afganistán, la CIA determinó que la mejor manera de repelerla era estigmatizando a los soviéticos por su ateísmo y potenciando los valores religiosos del Islam. La Agencia era en esos momentos dirigida por William Casey, un fundamentalista católico, y bajo la administración Reagan tuvo a su cargo la promoción, entrenamiento y financiamiento de Al Qaida, bajo el liderazgo de Osama bin Laden. Cuando en 2011 se consumó el fracaso de la ocupación norteamericana en Irak, Washington intensificó sus esfuerzos para estimular las guerras sectarias dentro del país, con el objeto de debilitar a los chiítas, aliados de Irán, y que controlaban el gobierno iraquí. El resto es historia conocida: reclutados, armados y apoyados diplomática y financieramente por Estados Unidos y sus aliados, los radicales sunnitas terminaron por independizarse de sus promotores, como antes lo había hecho Bin Laden, y dieron nacimiento al Estado Islámico y sus bandas de criminales que degüellan y asesinan infieles a diestra y siniestra. En su afán por desarticular los países de Medio Oriente, Occidente aviva las llamas del sectarismo religioso.
Por eso la génesis de este crimen es evidente, y quienes promovieron el radicalismo sectario no pueden ahora proclamar su inocencia ante la tragedia de París. Horrorizados por la monstruosidad del genio que se les escapó de la botella el 11-S, en su criminal estupidez declararon una sorda guerra contra el Islam en su conjunto. Y sus pupilos responden con las armas y los argumentos que les fueron dados desde los años de Reagan. Aprendieron después con los horrores perpetrados en Abu Ghraib y las cárceles secretas de la CIA; de las matanzas perpetradas en Libia y el linchamiento de Khadafi, recibido con una carcajada por Hillary Clinton, y pagan con la misma moneda. Resulta repugnante narrar tanta inmoralidad e hipocresía. Sobre todo si se recuerda la complicidad de quienes ahora se rasgan las vestiduras y no hicieron absolutamente nada para detener el genocidio perpetrado hace pocos meses en Gaza. Claro, dos mil palestinos, varios centenares de ellos niños, son nada por comparación a doce franceses.
* Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.
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La lógica que hay detrás

Por Martín Granovsky
Es obvio que no hay derecho a matar. Es obvio que hay derecho al humor.
Es obvio que la libertad de expresión es uno de los derechos individuales y colectivos más preciados.
Es obvio que ni siquiera el sentimiento de haber recibido la peor ofensa puede desembocar en el asesinato.
Es obvio que no es momento de comparaciones, porque cada muerte es absoluta en sí misma y quien diseñe un ranking corre el riesgo de terminar justificando la matanza, como sucedió el 11 de septiembre de 2001 cuando unos pocos en el mundo creyeron que era de izquierda relativizar la gravedad del ataque a las Torres Gemelas.
Y es obvio que, aun en medio de la indignación y el dolor, sería bueno superar algunas otras obviedades. No las esenciales, que tienen que ver con la vida y la muerte, sino las que subyacen debajo de los análisis más simplotes.
Parece evidente, por los primeros resultados de las investigaciones policiales francesas, que no se trató de una venganza de musulmanes indignados con los dibujos de una revista sino de una acción planificada. Y una acción programada siempre tiene una lógica política a desentrañar.
Suena razonable pensar que los jefes del comando, porque los comandos suelen tener jefes, pudieron haber actuado según el viejo criterio de seleccionar un blanco que, una vez destruido, sirva para sembrar terror. Terror sobre todos. Terror en las calles de París y en el Metro de París. Más allá de la vigilancia, la redacción de Charlie Hebdo era un blanco fácil. No se trataba de un cuartel sino de una redacción. Además, pudieron haber pensado los jefes del comando, atacarlo con éxito generaría un enorme impacto nacional e internacional. Si ésa fue la lógica, el operativo logró enviar los mensajes que se proponía.
Mensaje número uno: de nuevo le puede tocar a cualquier país, inclusive a un país poderoso.
Mensaje número dos: la muerte por comandos le puede llegar a cualquier persona. No es preciso ser soldado.
Mensaje número tres: los comandos están en todos lados, en primer lugar entre los hijos de los inmigrantes miserables llegados de las ex colonias del Magreb.
Mensaje número cuatro: no usar suicidas supone un despliegue logístico mayor, porque los jefes deben considerar la retirada, el escondite y la fuga. Es una exhibición de poder.
La mayoría de las sociedades europeas no está preparada hoy políticamente para recibir estos ataques y prevenir agresiones futuras o repelerlas. Hay dos formas de razonar ante hechos como el de ayer. Una, la más sabia, es pensar que la organización de comandos requiere dinero, una red y audacia pero pocos hombres, y por lo tanto el asesinato en nombre del Corán no puede ser utilizado para responsabilizar a todos los musulmanes o a todos los inmigrantes y a sus hijos nacidos en Europa. Otra, para nada sabia pero en crecimiento, como lo muestra la expansión de la ultraderecha en Francia, el Reino Unido, Grecia o Dinamarca, es pensar que el Islam es genéricamente el enemigo a derrotar. Esta segunda forma les serviría a los jefes del comando para enriquecer su lógica de guerra y espiralizar la violencia.
Los asesinatos como el de Charlie Hebdo nunca tienen justificación moral ni humana pero sí contextos.
Un factor es la guerra sin fin en Medio Oriente.
Otro factor es la dilación en una salida para el problema palestino que, naturalmente, contemple el derecho de Israel a existir sin ser agredido.
Un tercero es la escalada de fenómenos como Estado Islámico, a su vez enfrentados por Washington, Londres y París, en este último caso con 1300 soldados y oficiales, quizás con el mismo resultado de la intervención en Irak, que puso fin a una dictadura y abrió otra caja de Pandora llena de dinamita.
El cuarto, como ocurrió con Al Qaida desde sus orígenes, es la dinámica que adquieren, una vez lanzados cuesta abajo, fuerzas que en un principio fueron alimentadas para combatir a otras. Al Qaida, para pelear contra los soviéticos. Fracciones de Estado Islámico entrenadas en Siria, para cumplir con proyectos sauditas de desestabilización en el área petrolera más caliente del planeta.
El quinto factor es el crecimiento del fundamentalismo teocrático y, en su interior, el aumento en la intensidad de los grupos violentos.
Puede imaginarse que un mundo menos desigual y con menos conflictos abiertos haría aún más injustificables, y por lo tanto más débiles, a las estructuras que preparan comandos de la muerte con alcance global. Esto también es obvio.
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viernes, 2 de enero de 2015

El candidato y los derechos humanos

Por Mempo Giardinelli

Sería a todas luces preferible no tener que referirse a un candidato presidencial opositor que hasta parece contar –por momentos– con cierto beneplácito de muchos kirchneristas que inconscientemente lo ven, seguro que por sus pocas luces, como el candidato ideal para enfrentar dentro de diez meses. Allá ellos, y allá también los muchos argentinos/as que ya tienen decidido votarlo y de hecho lo sostienen como alcalde de la capital de la república. Pero hay límites, o, dicho de otro modo, hay dislates, torpezas o provocaciones (o como se las quiera llamar) que no se pueden dejar pasar en silencio.
Por caso, la infeliz expresión despectiva acerca del supuesto (por él) “curro de los derechos humanos”. Que esta semana que pasó completó al insistir con otra variante: que “los derechos humanos no pueden servir para el revanchismo”, y que “lo que ahora debe importarnos son los derechos humanos del siglo XXI”.
No son errores políticos de este sujeto, ni frases desafortunadas de ocasión. Son la pura y profunda expresión de una ideología miserable que, por fortuna, la democracia ha sabido aplastar con memoria y verdad, y con leyes y justicia, y también con una educación ejemplar en la materia, tanto a las generaciones de chicos que cursaron y cursan las escuelas argentinas (especialmente las públicas) como al mundo entero que ha sabido mirar éste, que es el mejor espejo de la Argentina, el más noble, el más humanista, el más enorgullecedor de nuestro pueblo.
Cuesta no proferir palabras groseras hacia este candidato que podría llegar –Dios no lo quiera– a la Presidencia de la República. Tiene para ello un lobby gigantesco detrás, empresarial, bancario y sobre todo periodístico, además de la siempre argentina pobre inocencia de la gente, que es una marca nacional como lo es el cretinismo contumaz de los sectores más poderosos, ricos y abusivos de esta compleja sociedad nuestra.
Cuesta mantenerse frío y sereno cuando este personaje, uno de los poderosos de este país, es capaz de proferir, 31 años después de la mayor tragedia de nuestra historia, semejantes barbaridades. Porque eso son, barbaridades, o sea dichos o hechos necios e imprudentes. Tanto como algunos otros que componen su currículum, y sobre todo ilustran acerca de sus cualidades morales. Por caso, cuando a fines de los ’80, en Morón, el entonces intendente Juan Carlos Rousselot intentó aquel gigantesco negociado con la construcción de cloacas que le costó la carrera política: hay muchas fotos en la web que muestran que quien firmaba el convenio por la parte empresaria era este mismo entonces joven “empresario”.
Luego fue también procesado por contrabando y cobro de reintegros por exportaciones e importaciones de autopartes al Uruguay, como informó el diario La Nación en amplia nota del viernes 23 de febrero de 2001. Claro que después fue absuelto, en 2003, por la Corte Suprema de “mayoría automática” instalada por el menemismo, absolución que fue uno de los motivos para la destitución del ministro Luis Moliné O’Connor. Y causa tan compleja, se diría, que en 2006 el juez que la había llevado, Carlos Liporace, renunció para evitar su inminente juicio político.
Más recientemente, en 2009 y ya como jefe de Gobierno porteño, este hombre fue nuevamente procesado, ahora como cabeza de una organización o red montada para espiar a políticos y empresarios, causa que sigue abierta.
Bueno, éste es el candidato que dice que la lucha y los logros de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, y de todos los organismos de derechos humanos, son “un curro” y “no sirven para la justicia sino para el revanchismo” (cuando jamás hubo un hecho de venganza o de violencia contra genocidas, asesinos y apropiadores de niños, todos los cuales han tenido y tienen todas las garantías legales que ellos negaron a sus víctimas).
Y es el mismo que declara, seguro que sin pensarlo, que lo que importa “son los derechos humanos del siglo XXI”, lo cual él mismo niega sistemáticamente al negar derechos a vivienda y subejecutar partidas para asistencia social, salud y cultura.
Difícil saber si también en este caso por sus frutos los conoceremos. Pero por sus barbaridades, seguro que sí.
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A pesar de todo, lo llaman “la Justicia”

Por Mario Wainfeld

Un balance anual es de por sí impreciso y algo forzado. Las tendencias perduran, pocos procesos se cierran el 31 de diciembre. Intentaremos igual algo así en relación con el Poder Judicial (en adelante PJ, con perdón de la sigla). Por un error transversal y distorsivo se lo apoda “La Justicia”, objetivo excelso que pocas veces se consigue en el Foro. Y que, en sustancia, no es su función.
El PJ agrava la dificultad del resumen por su carácter policéfalo. Hay sistemas judiciales nacional y en cada una de las provincias. La estructura jerárquica es compleja e intraducible para los profanos tanto como los mecanismos de apelaciones. La falta de inteligibilidad democrática es, casi, una característica intrínseca. Es, entonces, aristocrático y críptico, algo que debería atribular y forzar a la creatividad de sus integrantes, que, mayormente, subestiman el problema.
Vaya una última salvedad general, antes de ir (más) al grano. Dado el carácter plural, disperso, no siempre piramidal del PJ, es incorrecto hablar en términos unánimes de los desempeños de sus integrantes. De tendencias hablamos, que reconocen excepciones. En general, lo meritorio son las excepciones, no las tendencias. Ese eje no cambió en el año que se fue ni nació con él.
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Cimbronazos en la Corte más perdurable: La continuidad record de las instituciones democráticas es un logro social, que el kirchnerismo acentuó en varias áreas. La Corte Suprema es una de ellas. Un tribunal adecentado por decisión y coraje del presidente Néstor Kirchner fue el que perduró más tiempo en nuestra agitada historia. Su integración de siete miembros produjo resultados interesantes, a veces notables, otras discutibles o aciagos. El promedio fue más que aceptable: la estabilidad posibilitó a los Supremos asentarse, interactuar y establecer criterios jurisprudenciales duraderos.
Los lamentables fallecimientos de los doctores Carmen Argibay y Enrique Petracchi son una pérdida para el sistema democrático. La renuncia de Eugenio Raúl Zaffaroni resta otro integrante al Tribunal. Eran siete, quedan cuatro. Nadie que conozca un trabajo en equipo o un cuerpo colegiado puede ignorar que la mengua resentirá la labor posterior. Habrá menos pluralidad, menos debate, menos riqueza. La posibilidad de convocar “conjueces” ad hoc es imperfecta por donde se la mire. Introduciría, dicho con respeto, “paracaidistas” para causas específicas, podría haber fallos contradictorios sucesivos. Magistrados sin el nivel exigido para ser designados cortesanos resolverán asuntos graves, con voto decisivo.
Todo indica que se acentuará la clásica lentitud de la Corte. Los tribunales son lerdos, parsimoniosos, el Superior no hace excepción. ¿Cuánto tarda una causa promedio en la Corte? Imposible saberlo de modo veloz y certero: la Corte no divulga esos datos.
Tampoco se sabe, en esos estrados o en otros, cuánto ganan sus titulares. El PJ es el más opaco de los poderes públicos, no hay contralor de agencias ad hoc o de otros poderes. La transparencia falta, se la camufla tras los cortinados o merced a un lenguaje críptico. Subsisten beneficios irritativos, antirrepublicanos, como la elusión impositiva.
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Los jueces hablan por sus brindis: Antaño se afirmaba (y ensalzaba) que los jueces sólo hablaban a través de sus sentencias. El criterio, cerril y sectario, viene perdiendo fuerza en buena hora. Numerosos brindis de fin de año escenificaron (a veces en clave de grotesco) un saludable cambio cultural que despuntó hace poco tiempo. Zaffaroni tuvo su despedida, la Asociación de Magistrados organizó una cena VIP, la Corte reunió a empresarios y periodistas en su brindis, Justicia Legítima (JL) levantó las copas por su lado. Hubo pocos consensos básicos y nutridos chisporroteos entre los ágapes, el lector asiduo los conoce. Las celebraciones reflejaron la existencia de discrepancias significativas.
La Asociación de Magistrados (una organización gremial de afiliación voluntaria) está conducida por opositores al Gobierno, furibundos. Ellos se definen como republicanos, mientras varios acomodan sus boinas blancas o el escudito del Frente Renovador de Sergio Massa. Los “repúblicos” acusan a JL de ser una célula ultrakirchnerista (ya se sabe, todos los ultras en la Argentina son kirchneristas). Falsean la realidad, no reparan en su imagen en el espejo. Ricardo Recondo, el presidente saliente, bramó con los ojos inyectados en sangre que “la Justicia” tiene la misión de “erradicar de todos los rincones del poder a los corruptos”. Cuando habla de “poder” no alude al poder económico, al establishment local, al capital financiero internacional... ni mucho menos al propio PJ. He ahí su problema o característica nuclear, ideológica. Un estamento que sólo piensa en limitar a otros del Estado y jamás en contrapesar poderes fácticos, con los que coquetea, convive, distribuye capital simbólico o cátedras y practica endogamia.
Justicia Legítima (JL) arrojó una piedra en esas aguas estancadas. La mayoría de quienes la integran goza de excelente reputación, tanto que las acusaciones que le disparan aluden a su hipotético alineamiento actual o a movidas sucedidas en los últimos momentos. Su currículo no es un prontuario ni una servilleta demasiado célebre. JL no nació de gajo ni de improviso, condensó algo que venía germinando de modo disperso. Magistrados, secretarios y fiscales audaces y dignos fueron anticipando lo que JL encaró de modo orgánico: poner bajo la luz pública las polémicas judiciales, discutir a cielo abierto, combatir al oscurantismo. El PJ es, por naturaleza, el más conservador de los poderes del Estado, darle una sacudida es un acierto, un progreso de la etapa. El modo en que se polemiza a veces distorsiona o disimula el avance cualitativo.
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Agendas y gente del común: Los medios dominantes y una camarilla judicial quieren establecer “la corrupción” como ítem dominante, por ahí único, de la agenda ciudadana. Desde ya que todos los delitos deben investigarse con celeridad y sancionarse en su caso. Los cometidos por funcionarios o magistrados tienen previstas penas más graves, como cuadra.
Pero es una desviación, interesada desde ya, concebir al PJ consagrado de modo excluyente a esas cuestiones.
El PJ es un servicio público cuya función esencial es tramitar con eficiencia los requerimientos de ciudadanos de a pie. Quedaría mal siquiera mencionar a esa gentuza en ciertos banquetes: habría que entonar meas culpas a gritos acerca de personas no rimbombantes que, por ahí, van una sola vez en su vida a litigar. No son anónimos (fea la expresión y peor el concepto) pero sí desconocidos en la arena mediática. La gente del común debería ser la gran protagonista de la agenda judicial. Debería ser tratada con amabilidad, esperar poco para ser atendida en antesalas confortables, recibir respuestas veloces para sus problemas. El procedimiento escrito los aleja de tales objetivos básicos. La mayoría de quienes tienen la desdicha de ser parte o testigo en juicios no resonantes son destratados en el trajín cotidiano y en los resultados finales.
La morosidad, como casi todos los bienes o males de una sociedad capitalista, distribuye injustamente sus consecuencias. Los más ricos o poderosos tienen buenas oportunidades para sacar ventaja de la eternización de los procesos. Los damnificados son “débiles”: por ejemplo, las víctimas de delitos comunes o los sospechosos de haberlos cometido que van en cana sin llegar a una sentencia firme. Hay también una parte débil en los conflictos familiares en que media el dinero: siempre los chicos, a menudo las mujeres. Los trabajadores arrancan perdiendo en los juicios contra sus empleadores: el que tiene capital, o sea “resto”, puede especular mejor con un arreglo que (contra) quien está apremiado por la necesidad.
Ni la praxis diaria de los tribunales ni la Reforma que intentó el Gobierno en 2013 reconocieron centralidad al ciudadano-protagonista. Aquella se centra en “el poder”, recortado como ya se dijo. Esta apuntó a cuestiones superestructurales, algunas interesantes como introducir por la cerradura el voto popular para el Consejo de la Magistratura pero no fue al centro de la cuestión.
La “opinión pública” puede conocer apellidos y rostros de un puñado de jueces o fiscales protagónicos, figuras elogiadas o denostadas. Pero casi ningún particular es recibido por los jueces que le tocan en suerte. Un muro de procedimientos, secretarios y trámites kafkianos obtura el contacto. Un laburante que busca una indemnización tardía e insuficiente, una familia que no se da maña para reparar sus cuitas sin ir a juicio... ellos no podrán contar su historia a quienes deciden sobre sus vidas. Son miles cada año. A pocos les cabe la fortuna de conocer el rostro de quienes deciden sobre su vida personal, su libertad, su patrimonio, los conflictos que le agrían la existencia y los fuerzan a pleitear.
Se desconocen las estadísticas estrictas: ningún magistrado está obligado a reseñar a cuántos sujetos de derecho recibe o escucha. Para los desaprensivos, la distancia es una vacuna contra la introspección, ni hablar de culpa.
Los expedientes se amontonan, los papeles ponen en riesgo la estabilidad de edificios, los presos sin condena se hacinan en las cárceles... Imposible pensar en un ersatz de justicia. Ni siquiera en una digna prestación estatal en tales casos, que son millares, año a año. Nadie sacará la cuenta de los trámites que se eternizaron en 2014, crecen como una bola de nieve.
El Gobierno no centró su mira en el ángulo que elegimos. Permítase un contrafactual. Imaginemos que cinco años atrás se hubieran creado Tribunales de Defensa del Consumidor. Agiles, con procedimientos sumarísimos, de vecindad, con elencos atentos a los reclamos. Y equitativos, lo que significa recargar el platillo de la balanza correspondiente a la parte débil del contrato. Sería mayor la posibilidad de combatir la concentración económica, los abusos de los oligopolios, de defender Precios Cuidados. Se promovió, pero tarde.
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Jugar con Códigos: Los códigos de fondo o de procedimiento no resuelven del todo tantas rémoras, cuyo primer componente es una cultura corporativa arraigada. Pero las leyes ayudan, orientan, dan contexto. El oficialismo promovió reformas del Código Penal, del Civil y Comercial, del de Procedimientos penales. Y va por un Código de Trabajo. Todos sintetizaron demandas y propuestas anteriores de similar direccionalidad. Varios fueron corredactados con opositores políticos o con jueces prestigiosos. La oposición se enfrentó con su obstruccionismo habitual. El Código Penal está frenado, los otros se hicieron ley o avanzan.
El oficialismo, sometido a la crítica o aun a la sospecha, es el que impulsa el aggiornamento y el cambio. La oposición, bien vista, defiende lo real existente, que es casi siempre un pasado espantoso. El actual Código Penal es un mamarracho,
Anacrónico, autocontradictorio y lleno de parches. El Código Civil, otro tanto. El procedimiento penal vigente y sus actores protagónicos dieron contexto a la impunidad o la eternización de causas tales como AMIA, Río Tercero, la masacre ordenada por Fernando de la Rúa en su despedida, por no mencionar sino hechos de sangre.
Ahí finca la preferencia de este cronista por las ideas fuerza y las normas que insta el oficialismo o por las reformas que propone JL. Van para adelante, buscan reparar y mejorar. El territorio de la oposición o del núcleo rancio de la corporación judicial es el pasado. Las viejas leyes, el viejo orden político, ¡los viejos jueces federales!
Retrogradar la historia, volver atrás: eso es ser reaccionario en el sentido original del vocablo.
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Medios que son fines: Las denuncias proliferan, los medios hegemónicos las propalan, los dirigentes opositores renuncian a proponer un programa político y mocionan una mega comisión investigadora en vez de un gobierno convencional.
La polución de denuncias se transforma en algo similar a un fin en sí mismo. Como otros recursos comunicativos en boga –las selfies producidas o las falsas instantáneas– el objetivo esencial del mensaje no es la persuasión. Seguro que algo se procura, pero lo central es saturar el ágora, “colmar” la agenda, ocluir otros temas, despolitizar el debate. Suplir la discusión de un proyecto de país por la de un puñado de expedientes que durarán lustros y cuyo resultado final (ya) no les importa a los denunciantes. El proceso es el mensaje, su culminación un acontecimiento futuro, remoto, no prioritario.
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Avances, aciertos, desafíos, riesgos: La estabilidad democrática es un gran logro, que prospera cada día y se invisibiliza. Los debates públicos sobre códigos, leyes o performance de los jueces son un capital de la etapa aunque los modos y los contenidos rayen por debajo de lo deseable. Los juicios por jurados se instalan en varias provincias sin escándalos ni recusaciones académicas o periodísticas de fuste.
La “productividad” del PJ sigue siendo baja y olímpica su distancia respecto de la gente común. De nuevo, por última vez: hablamos de grandes números, no de uniformidad plena.
Para la Corte fue un año duro. Alguna vez habrá que sondear paralelismos entre la saga de este Tribunal y la del Ejecutivo que lo formó. El 2014 no fue su mejor año, para nada, aunque no borró con el codo todo lo construido antes.
El presidente Ricardo Lorenzetti, un buen juez y un político hábil o hasta mañero, debería “centrear” y hasta dinamizar la controversia entre los jueces. Por motivos episódicos, se inclinó por el bando de los Recondos y los Bonadios, contra JL. Una parte de la explicación apena: éstos lo cuestionan y lo refutan, aquellos le rinden pleitesía, aparente.
El cronista es reacio a formular pronósticos o agorerías. Empero, no se puede soslayar que es posible que la Corte no funcione bien en 2015 si, como anhela la oposición, no completa su elenco. Puede resentirse o puede quedar imposibilitada. No es deseable, no es inexorable, no es imposible y eso debería preocupar a los protagonistas.
Concejales, intendentes, legisladores nacionales, gobernadores y la Presidenta se someterán este año al voto popular. Habrá ascensos, caídas, ingresos, salidas, veredictos colectivos. El cambio llegará por la ecología del sistema, merced a la participación popular. El Poder Judicial es ajeno a esos aires vivificantes. Tiene toda la pinta de mantenerse como el más elitista, el más distante de “la gente”, el más esquivo a la innovación. Ojalá no sea así, la esperanza es lo último que se pierde.
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