domingo, 4 de octubre de 2015

ARGENTINA DESPEGA

El satélite geoestacionario, diseñado y construido por la República Argentina con el propósito de favorecer la exportación de contenidos audiovisuales, fue lanzado exitosamente desde el puerto espacial de Kourou, en la Guayana Francesa.

El Arsat-2 partió el 30 de septiembre a las 17.30 de Argentina, desde la base ubicada en Kourou de la Guyana Francesa, administrada por la empresa Arianne Space. El satélite integra en su plataforma antenas de banda C para aumentar la capacidad de transferencia de contenidos audiovisuales y ofrecer la distribución en los mercados hispanoparlantes de Centro y Norteamérica de los contenidos producidos por la industria cinematográfica y televisiva en castellano.



Mientras que el Arsat-1 -lanzado el 16 de octubre de 2014- cuenta con una antena única en banda Ku que centra su emisión en el territorio nacional, el Arsat-2 tiene tres: dos desplegables y una fija, que emiten en dos bandas: Ku y C.

La transmisión en banda Ku del Arsat-2 refuerza la misión territorial y socialmente integradora de su antecesor a nivel nacional, al tiempo que la otra banda ofrece dos ventajas en cobertura panamericana: históricamente ha sido la primera opción para la transmisión satelital de TV, lo que permite ofrecer el alquiler de servicio para exportación de contenidos audiovisuales, y no sufre atenuación por lluvias.

La nueva herramienta ocupará la posición 81° Oeste y se integrará al Sistema Satelital Geoestacionario Argentino de Telecomunicaciones (SSGAT) que ya cuenta con el Arsat-1, que presta servicio en la posición 72° Oeste. A ellos se les sumará luego el Arsat-3, actualmente en fase de desarrollo.

Un orgullo para el país y un nuevo hito en la reafirmación de la soberanía.

viernes, 11 de septiembre de 2015

La reencarnación del Estado

Oscar González | Para Letra P
Secretario de Relaciones Parlamentarios del gobierno nacional.

A propósito de la conocida maroma discursiva de Mauricio Macri, que del fundamentalismo privatizador pasó a reivindicar las políticas públicas del gobierno, antagónicas con cualquier formato neoliberal, es oportuno decir que la reencarnación del líder amarillo actualiza una discusión que atraviesa los últimos años sobre el carácter del Estado que vienen construyendo los gobiernos populares suramericanos.

Curiosamente, el tema parece interesar más a los politólogos europeos que a los protagonistas y dirigentes del nuevo “populismo latinoamericano”, exceptuadas las oportunas reflexiones del vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, y del asesor presidencial brasileño Marco Aurelio García.

Pese a la marca diversidad de las experiencias y el desparejo nivel de consolidación de los proyectos, esos gobiernos ofrecen elementos comunes que guardan semejanza con los Estados de Bienestar que surgieron en la Europa de la segunda posguerra e incluso más con los “estados sociales periféricos”, como se llamó a los regímenes nacional populares como los de Perón en la Argentina, Lázaro Cárdenas en México y Getulio Vargas en Brasil.

Esos rasgos comunes radican en el decisivo papel del Estado en la planificación de la economía y la producción, en la participación de los trabajadores en la puja distributiva del ingreso vía sus organizaciones gremiales y en el papel del Estado como garante de los derechos sociales: acceso a la salud, la educación, la previsión social.

Los estados sociales europeos nacieron como respuesta a la “amenaza” comunista que encarnaba la entonces Unión Soviética y su emblemático carácter de nueva utopía emancipadora, que alentaba las luchas de trabajadores cuyas condiciones de vida nada tenían que ver con la prosperidad del capitalismo imperialista de la época. Ya hacia fines de la década del ’30, la crisis mundial había marcado el fracaso del Estado liberal clásico, con su absoluta libertad de mercado y las teorías librecambistas, dogma de las grandes potencias capitalistas.

Fue para entonces que John M. Keynes revolucionó la teoría económica dándole fundamento a las políticas de los estados sociales al asignarle un papel decisivo al gasto y la inversión públicos en la regulación de los ciclos de la economía. Lo explicitaran o no, los gobiernos populares de América fueron naturalmente keynesianos más que ninguna otra cosa, al dotar al Estado un rol primordial en la protección del mercado interno, las producciones locales y la distribución del ingreso.

Pero mientras en Europa, heredera del liberalismo político de la Revolución Francesa y la modernidad, el sujeto de la democracia era el ciudadano, y el uno sin la otra no podía concebirse, en América latina el sujeto fundamental fue el pueblo, ya se tratara del pueblo mestizo, blanco, negro o indígena.

De manera que al mismo tiempo que América latina acogía las ideas de Keynes, la lucha por la hegemonía dentro y fuera de los gobiernos populares le daba una vigencia palpitante a algunas cuestiones planteadas por Antonio Gramsci: ni el Estado era ya un dócil instrumento de las clases dominantes ni una herramienta sin contradicciones al servicio de las clases populares, sino el ámbito donde luchan las fuerzas que pugnan por profundizar la democracia y aquellas otras que resisten desde zonas irreductibles del propio Estado: desde las fuerzas armadas y de seguridad hasta la justicia y otras áreas del poder público, incluidos los estamentos burocráticos del aparato estatal, en especial los organismos encargados del control de la economía financiera. Nada ajeno a lo que sucede hoy en varios países.

Por otra parte, el pasado colonial y semicolonial de nuestras naciones, que fue sucedido en casi todos los casos por la dependencia económica de Inglaterra y Estados Unidos, le dio un elemento distintivo a los procesos populares latinoamericanos, ya que la depredación y el saqueo perpetrados por las grandes potencias y sus aliados locales estimularon un sentimiento antiimperialista, nacionalista y anti oligárquico que cimentó las bases del populismo latinoamericano.

Es lo que los enemigos del populismo llaman “la invención de un enemigo externo para cohesionar las masas” detrás de un líder. Lo mismo que critican hoy los economistas del establishment y políticos como Macri, cuando dicen, al referirse al enfrentamiento con los fondos buitres, que el gobierno inventa enemigos en lugar de mirar las culpas propias.

Notable ironía: mientras en Europa el neoliberalismo sigue predominando y mostrando su peor cara, con el sometimiento de la democracia al capitalismo financiero, en América latina el fracaso del fundamentalismo de mercado fue sucedido por los gobiernos “pos-neoliberales”, como se los denomina con poca imaginación y menos gracia. Más aún, hasta se da el lujo de atraer, aunque ellos lo hagan con fines electorales, a los representantes más fieles del mercado y la derecha política, como Capriles en Venezuela, Cardoso en Brasil y, ahora, Macri entre nosotros. Aunque este último no sepa bien qué es un estado social y despotrique porque los hospitales porteños atienden la demanda del conurbano y reciben pacientes de los países limítrofes.

Volviendo a la pregunta del comienzo, ¿estamos asistiendo al nacimiento de nuevas formas de estado social en América latina en general y en la Argentina en particular? La academia local se ha preguntado si el conjunto de políticas sociales aplicadas a partir de la asunción de Néstor Kirchner en 2003 constituyen una efectiva “construcción de ciudadanía”. La condición para que así sea estaría dada por el carácter universal y no focalizado de los programas sociales más importantes, por ejemplo la AUH. La respuesta no se encuentra tanto en el análisis de tal o cual ley ampliatoria de derechos, sino en el conjunto de políticas públicas aplicadas a lo largo de estos años, que han transformado progresivamente las condiciones de vida de la mayoría del pueblo, y no sólo de los más desfavorecidos.

Porque en el perfil del Estado que se fue configurando en esta década se integran los derechos laborales recuperados, las negociaciones paritarias —de fundamental importancia social y económica en cuanto a sus efectos en la producción y el consumo—, el derrame del crecimiento económico (ahora sí, verdadero) hacia los sectores medios y la ampliación de derechos ciudadanos hacia segmentos sociales postergados o discriminados. Todo ello hace a la construcción de un Estado social.

La eterna crítica, a veces bienintencionada y otras no, de que el populismo subordina las libertades individuales a la justicia social ya es muy difícil de sostener con datos objetivos, a menos de que se piense con doña Rosa María Juana Martínez Suárez, alias Mirtha Legrand, que estamos bajo una “dictadura”.

Las derechas se han empeñado en hallar rasgos autoritarios e invasivos de la propiedad privada frente a cada acción oficial en la que el gobierno pone en juego su autoridad política, esto es, cada vez que desde el ejecutivo se ejerce el mandato de la voluntad popular. Y lo ha hecho con una firmeza y decisión imperdonables para quienes desean el retorno al Estado sin ciudadanos de los ’90, cuando un gobierno podía cambiar la composición de la Corte Suprema para consolidar privatizaciones amañadas.

La contraposición entre libertad e igualdad no es algo que hoy defina los niveles de democracia vigentes; por el contrario, la democracia se ha ampliado y acrecentado a lo largo de estos años en la medida en que ha mejorado sustancialmente el modo en que viven, trabajan, estudian y aman las mayorías populares, es decir, las condiciones mismas en que los ciudadanos deciden sus propias opciones políticas y de vida.

Publicado por Letra P, el 7 de septiembre de 2015

martes, 4 de agosto de 2015

Edificios del Hogar Obrero declarados de interés histórico nacional

La Presidenta de la Nación decretó la declaración de bienes de interés histórico nacional a una serie de edificios construidos por la Cooperativa de Consumo, Edificación y Crédito El Hogar Obrero Ltda. Son el edificio Juan B. Justo (Martín García 465/73/95) y Bolívar N° 1856/64/94; Rochdale (Owen N° 2921/31/37) y Rochdale N° 1134/38; Ángel Giménez (Juan D. Perón N° 2070/72/74 y al Conjunto El Hogar Obrero Villa Ortúzar sito en las calles Giribone N° 1321/24, Álvarez Thomas N° 1320/26/30 y Elcano N° 3665.
Entre los considerandos se destaca que el “cooperativismo propone una actividad solidaria, ya que las sociedades cooperativas, a diferencia de las mercantiles, llevan a cabo una actividad empresaria de carácter social, con la participación igualitaria de todos sus socios y sin fines de lucro”.
Además resume la valiosa historia de la cooperativa, al mencionar su fundación por el Doctor Juan Bautista Justo, la primera asamblea el 30 de julio de 1905 y el inicio de las actividades el 5 de junio de 1907.  
Por otra parte, señala que esta entidad fue pionera en observar las necesidades de quienes no disponían de un hábitat adecuado y proponer una solución, anticipándose a la actuación directa del Estado.
En concreto, el Hogar Obrero conjugó una propuesta arquitectónica con una mirada higienista y reformadora en el diseño de sus obras, que hoy constituyen verdaderos hitos urbanos con una fuerte presencia en la memoria popular de todos los porteños.
Fuente: www.lacomuna7.com.ar

martes, 21 de julio de 2015

Los tres puntos del destino

Por Luis Bruschtein
Si hubiera ganado Martín Lousteau, se habría convertido en el nuevo jefe de Gobierno de la Ciudad y habría terminado con la carrera de Mauricio Macri. Solamente tres puntos salvaron de la catástrofe al aspirante presidencial por el centroderecha. La diferencia entre seguir en carrera y despedirse de la política fueron apenas unos pocos votos. Lo debe haber pensado y sufrido cuando las urnas empezaron a escribir su profecía. Durante varios minutos se habrá imaginado la amarga despedida, la vuelta a un llano despojado de aspiraciones políticas. Nunca más pasitos de baile ni globitos, nunca más jugar a ser los inocentes de Barrio Norte. Fueron tres puntos de diferencia que le hubieran cambiado la vida a un candidato que ahora competirá para ser presidente. El destino no puede ser tan azaroso o bromista quizás: tres puntos para la bifurcación entre dos futuros tan diferentes. El PRO no existe sin Mauricio Macri y Mauricio Macri no existe sin el PRO. Si esos tres puntos inclinaban la balanza para el otro lado, el PRO se derrumbaba y bajo sus ruinas hubiera sido aplastada la apuesta de vida de Mauricio Macri orquestada por Durán Barba y salvada casi milagrosamente por los votos de Recoleta.
La vida sigue, pero esos tres puntos tendrán un precio demasiado alto para Rodríguez Larreta que ganó por un pelo y deberá crecer para no ser devorado por la gestión en la ciudad. No podrá depender para siempre de los votos de Recoleta. Tendrá que generar su propia presencia. Los tres puntitos le pusieron un cepo a Macri. Cada comicio desde que empezó la agenda electoral nacional significó cargar más lastre para su campaña. Ninguna de las votaciones en las provincias ni en la capital le aliviaron esa carga y, por el contrario, se la hicieron más pesada. Ningún resultado le alcanzó para el espaldarazo que necesitaba desesperadamente. Una tras otra la realidad desbarató sus ilusiones y las expectativas sobre las que esperaba construir su carrera hacia la Rosada. Pero tampoco ninguno de esos resultados alcanzó para sacarlo del camino como le ocurrió a Sergio Massa. Hará su llegada a la arena de octubre como un gladiador debilitado, con una derrota casi anunciada. Es probable que así hayan sido sus cálculos de mínima y que en ese escenario, en el llano y derrotado en las presidenciales, tendría sólo el apoyo del gobierno de la ciudad para reconstituirse. Y ese posible escenario –seguramente el de mínima para Macri– decidió la candidatura de Rodríguez Larreta, el más fiel, aunque el menos carismático. Paradojas de la vida: estuvo a punto de perder por elegir al que creía que era el único que le daba seguridad para seguir.
Resulta sorprendente cómo para Macri esos tres puntos de diferencia equivalen al ser o no ser y lo mismo para Martín Lousteau. Si el joven ex ministro del kirchnerismo hubiera ganado, habría tenido las herramientas para consolidar este resultado inesperado. Desde el gobierno de la ciudad podría haberse almorzado los restos del PRO y haber generado su propia fortaleza territorial, que por ahora sigue siendo prestada.
Lousteau es el candidato perfecto, pero no el político perfecto, ni el administrador perfecto. No tiene la construcción territorial del político ni mostró solidez en la gestión. Es un buen candidato que siempre va a depender de que alguien lo ponga en una lista. Si esos tres puntos que lo dejaron por debajo de Rodríguez Larreta, lo hubieran favorecido, la dinámica de la gestión le daba una herramienta importante para completarse como político y administrador. Pero los tres puntos le sonrieron a su adversario y la mitad de sus votos retornarán al kirchnerismo y alguno a la izquierda. De la otra mitad una parte es socialista, la otra radical y una tercera de Elisa Carrió que mantiene algún voto del primitivismo porteño. Sin esos tres puntos, pasó a ser otra vez Martín Lousteau, sin bases ni orgánicas partidarias ni gran fuerza legislativa, sólo el muchachito simpático y descontracturado que espera la fortuita decisión de algun armador política para regresar como candidato.
Apenas tres puntos decidieron sus destinos. Son poquitos votos pero fueron la consecuencia de grandes migraciones subterráneas. La izquierda apenas pudo decidir el destino de los votos que obtuvo en primera vuelta. Sólo le agregó un tres por ciento al dos por ciento anterior que había sacado el voto en blanco en primera vuelta. Quiere decir que –aun considerando que ningún kirchnerista votó en blanco, lo cual es dudoso– Lousteau obtuvo alrededor de cuatro puntos de votantes de la izquierda. Es un fenómeno que debe alertar a los partidos trotskistas sobre el voto que los favorece. No es un voto ultramilitante como el de los afiliados a los partidos. Y es un voto que no acata disciplinas.
La migración más fuerte fue la del kirchnerismo. Al revés que la izquierda opositora, sus dirigentes no impartieron ninguna orden. Pero fue como si lo hubieran hecho. Fue un movimiento en bloque y espontáneo, sin decisión orgánica. Resulta sorprendente. Refuerza la idea de que el voto kirchnerista a pesar de su no despreciable masividad, también es un voto a consciencia, lo cual tiene un flanco no tan positivo, porque lo circunscribe casi como un voto militante. Aunque esa migración en bloque favoreció a Lousteau, puso en evidencia una construcción más sólida que la de ECO, que si bien surgió como segunda fuerza, es un acuerdo inestable de varios partidos.
Fuente: Página 12.

viernes, 3 de julio de 2015

A dos del balotaje: FUERZA RECALDE!!!

Según un estudio de M&F publicado hoy, el 44,7% de los porteños votaría a la fórmula del PRO, Rodríguez Larreta-Diego Santilli. Lousteau y Fernando Sánchez, de ECO, recibirían un 23,5%, mientras que Mariano Recalde y Leandro Santoro conseguirían un 21,3%. Así la brecha es de tan sólo 2 puntos. FUERZA FPV, FUERZA RECALDE!!!